Dos días después, llegó la primera notificación: un intento
de compra en una tienda virtual desconocida. Rivas canceló el plástico de
inmediato, lo que detuvo las transacciones, pero no los intentos.
Durante las semanas siguientes, su correo electrónico siguió
recibiendo notificaciones de compras rechazadas en comercios de Estados Unidos,
Brasil y República Dominicana. Los montos eran variados, la mayoría pequeños: 1
dólar, 6.49 dólares, 395 pesos, 88 dólares, 165 dólares.
Intrigado por la rapidez con la que su información bancaria
se había dispersado, decidió investigar. Sabía que en Telegram circulaban
grupos dedicados a actividades ilícitas, y al ingresar encontró varios con
nombres como "SHIPEROS-MUNDIALES" y "TARJETAS DE CRÉDITO LIVE
FRESH".
En esos canales se ofrecían listas de tarjetas de crédito con
los primeros dígitos visibles, montos supuestos disponibles y clasificaciones
por tipo, como Visa o Mastercard.
Una publicación destacaba una tarjeta con doce números
visibles y los últimos cuatro en "XXXX", junto al texto:
"$5,375,430 disponibles". A su lado, decenas de entradas similares se
ofrecían abiertamente.
En medio de estas publicaciones, una llamó su atención por su
tono directo: "Si tú tienes tú CC de USA o del patio y te quieres buscar
pal de peso, tírame". Era una convocatoria dirigida a tarjetahabientes
dispuestos a participar en fraudes con sus propias tarjetas.
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